Baila, padre, elévate, salta, haz cantar a las tijeras, que el espíritu del Apu te posea y exprésale al mundo tu amor, tu filosofía, la religión de tus padres, de los padres de tus padres, de nuestros ancestros. Danza con la pasión y la fuerza que tu rango te otorga, danzaq, iluminado, predicador sin palabras, tu mensaje es el movimiento, la unión del hombre con la naturaleza, un matrimonio sagrado y el poder que ese lazo inrrompible crea, la imposición de tu mente sobre la materia, tu mensaje es el dejar que el Apu entre en ti y nos demuestre que te ha ungido, que nuestra cultura ancestral persiste y que será eterna, que nuestras raíces son profundas y mágicas y hermosas…
El Perú es un país con expresiones culturales impactantes, realmente sorprendentes, por eso es que es un destino ideal para hacer turismo cultural. Una de esas expresiones es la danza de las tijeras.
En el siglo XVI, tras la caída del imperio incaico, los sacerdotes incas buscaban una manera de reanimar al pueblo, la gente estaba muriendo por montones (algunos explotados en las minas y otros por suicidio, repletos de desesperanza). Conmovidos, los sacerdotes deciden que es momento de hacer algo que revitalice a su pueblo, algo que los convenza de que Wiracocha (el dios inca) todavía los oía, todavía iba a protegerlos.
Por eso es que empezaron a “predicar” con una danza frenética, con un baile sorprendente que transmitía un contundente mensaje: los opresores tienen el poder pero no tu alma, no tu espíritu. Esta resistencia espiritual se llamó Taki Onkoy.
Y es este movimiento rebelde el que habría dado origen a la danza que, el siglo pasado, José María Arguedas (puedes leer su cuento “La agonía de Rasu Ñiti“) llamó “Danza de las tijeras”.
No cualquiera la puede bailar, para convertirte en un danzaq (ejecutante de esta danza), primero tienes que tener un maestro, un danzaq mayor que quiera transmitirte toda su sabiduría. Luego, necesitas el auxilio de un Apu, es decir, que el espíritu de algún dios de la naturaleza (una montaña, un río, un bosque, por ejemplo) entre en tu cuerpo y te dé la energía necesaria para demostrar tu poder y valentía al danzar. Además un danzaq necesita conocer todas las hierbas medicinales usadas en los andes hace miles de años, así como aprender a realizar el rito con la hoja de coca.
La danza puede durar horas, literalmente, sin exagerar, cuando la danza implica competencia, dos danzaqs se retan y demuestran por turnos toda su fiereza hasta que alguno de ellos no puede danzar más.
Los mejores danzaqs provienen de Ayacucho y Huancavelica, aunque algunos ahora viven en Lima. Si bien puedes verlos en muchos centros turísticos en el Perú y el mundo, lo mejor es verlos en navidad en el pueblo mismo, danzando en la plaza y no en un escenario, en medio de una gran fiesta andina que dura una semana entera y que congrega multitudes.
Cuando vengas al Perú, procura ver la danza de las tijeras, sin lugar a dudas te sorprenderá esta expresión del turismo cultural que ofrece el Perú.
A continuación te dejamos un video de una presentación de Qorisisicha (traducido: La hormiguita de oro), en un colegio en Washington. En el público hay esencialmente niños, por lo que los danzaqs no muestran su verdadero poder para no impresionarlos demasiado. Vean lo que este danzaq de más de 50 años es capaz de hacer.
Qorisisicha (izquierda) y Chino de Andamarca (derecha)
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