
La primera vez que fui a Machu Picchu (“montaña vieja” en Quechua, la lengua de los incas) me desperté temprano, recuerdo claramente el frío y el sueño que tenía, pero estaba seguro que esa era la mejor manera y que el esfuerzo valdría la pena.
Llegar a la estación del tren a las 5 de la mañana no es un disparate, hay gente esperando desde las 4.